El episodio perdido de…

                                                Bart Muere.....

¿Han notado que Fox tiene una manera extraña de enumerar los capítulos de Los Simpson? No cuentan algunos, haciendo que el número total de episodios sea inconsistente. El motivo para esto es un episodio perdido de la primera temporada.
Encontrar detalles acerca de este episodio es complicado, a ningún miembro del personal que trabajaba en el programa en ese entonces le gusta hablar de ello. Según lo que se ha logrado recopilar, el episodio perdido fue escrito totalmente por Matt Groening. El número de producción del episodio era 7G06, y su título “Bart muere”. El episodio marcado como 7G06, La depresión de Lisa, fue producido después y se le otorgó el código de producción de Bart muere para disimular la existencia de éste.
En una convención de fans me las ingenié para seguir a Matt luego de que habló con el público, y eventualmente tuve la oportunidad de hablar con él a solas mientras salía del edificio. No se molestó porque lo siguiera, probablemente estaba esperando el típico encuentro con un fan obsesionado. Cuando mencioné el episodio perdido, sin embargo, su rostro se despojó de todo color. Cuando le pregunté si me podía dar algunos detalles, se sacó un trozo de papel, escribió algo en él y me lo entregó. Luego me pidió que no volviera a hablar del asunto.

Trolls…

La cuesta de Moramulca
Durante años se ha hablado de los fantasmas que aparecen en la carretera del sur, específicamente en la cuesta denominada Moramulca, ubicada entre las comunidades de Pespire y La Venta.
José Antonio Guillén, motorista de una rastra, hacía viajes de Tegucigalpa a San Lorenzo trasladando madera al puerto. Había escuchado de varios de sus compañeros que en Moramulca asustaban; hablaban de una mujer vestida de blanco que en la orilla del camino pedía aventón, se montaba en la cabina, platicaba con el chofer y de repente se desaparecía. «Son puras fantasías, el guaro hace ver cosas a esos locos. Por lo menos en mis años de trabajo jamás he visto babosadas en la carretera», así se expresaba José Antonio.
El motorista había entregado su pesada carga en el puerto de Henecán, en San Lorenzo; de regreso hacia la capital estacionó su vehículo en un lugar llamado Lajas, cerca de la comunidad de Pespire. En ese tiempo había unas pozas profundas en el río a orillas de la carretera, hacía un calor endemoniado cuando José Antonio se metió al agua; luego, después del chapuzón, entabló conversación con unas mujeres que lavaban ropa en ese lugar. Se sentó bajo la sombra de un árbol, y… «¿Siempre vienen a lavar ropa? ¿Ustedes dónde viven?». La mujer de más edad, respondió, «Nosotros vivimos en la aldea, no se ve desde aquí, pero se encuentra detrás de ese cerrito; ¿y usted ya va para Tegus?». José Antonio movió la cabeza afirmativamente, la señora siguió hablando. Muchos de sus compañeros se estacionaban ahí para bañarse en el río.

Abandonado por Disney

Algunos de ustedes habrán oído que Disney es responsable de al menos un real y «vivo» pueblo fantasma.
Disney construyó el centro turístico Isla Tesoro en la Bahía de Barker en las Bahamas. ¡No comenzó como un pueblo fantasma! Los cruceros de Disney realmente llegaban al centro y dejaban turistas para que se relajaran a todo lujo.
Esto es un hecho, pueden buscarlo.
Disney invirtió $30,000,000 en el lugar… sí, treinta millones de dólares.
Luego lo abandonaron.

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Comenzó con mi amigo de Japón. Él era un hacker y siempre tenía su computadora encendida, junto con AIM y MSM. Cuando se desconectó de ambos, asumí que su computadora finalmente había colapsado por una sobrecarga. Pero luego descubrí que todas sus publicaciones en nuestros sitios favoritos habían desaparecido. Todas sus cuentas, todas sus entradas, todos sus comentarios.
Lo siento… tiendo a adelantarme a los hechos. Mi nombre es Nathan y vivo encerrado en mi casa. Agorafobia. Soy de Carolina del Norte y programo para ganarme la vida. Mi hermana hace las compras por mí y yo paso en el sótano. No hay ventanas. Hasta donde sé, mi condición podría ser lo único que me mantiene seguro.

La ventana abierta

—Mi tía bajará enseguida, señor Nuttel —dijo con mucho aplomo una señorita de quince años—, mientras tanto, debe hacer lo posible por soportarme.
Framton Nuttel se esforzó por decir algo que halagara debidamente a la sobrina, sin dejar de tomar debidamente en cuenta a la tía que estaba por llegar. Dudó más que nunca que esta serie de visitas formales a personas totalmente desconocidas fueran de alguna utilidad para la cura de reposo que se había propuesto.
«Sé lo que ocurrirá», le había dicho su hermana cuando se disponía a emigrar a este retiro rural. «Te encerrarás no bien llegues y no hablarás con nadie y tus nervios estarán peor que nunca debido a la depresión. Por eso te daré cartas de presentación para todas las personas que conocí allá. Algunas, por lo que recuerdo, eran bastante simpáticas».
Se que es irresistible no leerlo pero no lo leas no lo leas.........

Debes creerme. Tengo que darte un consejo y tú debes seguirlo sin preguntar: debes dejar de leer esto y pasar directamente hasta el último párrafo. Hazlo sin leer cualquier otro párrafo, y hazlo ahora. Por favor… confía en mí.
Lo que ocurra ahora es completamente tu culpa. Fallaste la prueba y ahora estás en peligro. Yo no quería escribir esto, Ellos me hacen es escribirlo. Mis dedos están sobre el teclado, y tus ojos en estas palabras. Pase lo que pase, no mires hacia otro lado que no sean estas palabras. Continúa leyendo hasta que yo diga lo contrario. Y cuando te diga lo contrario, haz exactamente lo que diga. Porque si no lees esto exactamente como te estoy diciendo, morirás. Escucha cuidadosamente. Primero, debes saltarte el párrafo que le sigue a éste. Sin importar lo que hagas, nunca debes leer el párrafo continuo a éste. Debes ignorarlo completamente, evitando que tus ojos bajen hasta el párrafo que le sigue a éste. Prométemelo. Por el bien de los que te aprecian. Ésta es tu única oportunidad para redimirte por no haber confiado en mí hace un momento. Sáltate el párrafo continuo a éste, y haz lo que se te pida.

Tímido ante la cámara

Trabajo en un centro de tránsito y zona de aparcamiento que fue construido recientemente, y cuando se hace tarde es mi trabajo cerrar todo hasta la mañana siguiente, y patrullar la oscura instalación con sólo el apoyo de una radio conectada al departamento de policía local. Es un procedimiento bastante sencillo, tomándome alrededor de diez minutos cerrar todo y de quince a veinte minutos la ronda de patrullaje, que hago cada hora.
A eso de las tres de la madrugada, estoy exhausto por mi jornada de ocho horas, pero aún me quedan otras cuatro horas para terminar mi turno. Me dirigí al centro de operaciones (una manera sofisticada de llamar a una habitación con una silla y varios monitores) y comencé mi asenso por las rampas. Escuchaba el eco de mis pisadas, y me di cuenta de que el ambiente estaba más tranquilo de lo normal. Podía oler el típico hedor de las heces en los basureros, que los vagabundos del área utilizan como sanitarios. Tuvimos que clausurar los baños públicos para prevenir daños, robos, vandalismo y, principalmente, las muertes por sobredosis a la mitad de la noche.